Hablar de Anthropic como “la empresa de Claude” empieza a quedarse corto. A finales de julio, su tasa de ingresos anualizada superó los 65.000 millones de dólares, frente a los 47.000 millones que registraba en mayo. El dato es una barbaridad incluso dentro de un sector acostumbrado a cifras difíciles de digerir. Y explica bastante bien por qué el SEO agentes IA está dejando de girar únicamente alrededor de ChatGPT: Anthropic ha conseguido convertir sus modelos en un producto por el que empresas y profesionales están pagando a una velocidad que hace poco parecía improbable.
Antes de seguir hay que aclarar algo que muchos titulares están contando regular. Anthropic no ha ingresado 65.000 millones de dólares durante los últimos doce meses. Estamos hablando de revenue run rate: se toma el ritmo reciente de ventas y se proyecta a doce meses. La diferencia importa. Mucho. Aun así, el crecimiento sigue siendo difícil de ignorar. Anthropic cerró 2025 con un ritmo anualizado cercano a los 9.000 millones, alcanzó los 47.000 millones en mayo y superó los 65.000 millones a finales de julio.
De laboratorio de IA a máquina comercial
La explicación fácil sería decir que Claude es mejor y que por eso Anthropic vende más. Hay parte de verdad, pero se queda corta.
Anthropic ha encontrado una posición especialmente fuerte allí donde la IA deja de ser una curiosidad y empieza a formar parte del trabajo diario. Programación, agentes, automatización y uso empresarial están convirtiendo Claude en infraestructura de trabajo para determinados clientes. Ahí está una parte importante del negocio.
Claude Code representa bastante bien ese cambio. El usuario ya no entra únicamente para hacer una pregunta y cerrar la pestaña. Puede utilizar el modelo durante horas dentro de procesos que producen código, analizan repositorios, ejecutan tareas o ayudan a desarrollar software. Cuanto más profundamente entra Claude en esos flujos, mayor puede ser el consumo y más difícil resulta sustituirlo por otro modelo simplemente porque un benchmark diga que ahora es un 3% mejor. Eso cambia la economía del producto.
Durante años hemos medido la guerra de la IA contando usuarios, comparando benchmarks o discutiendo si ChatGPT sin restricciones sería mejor producto que las versiones actuales. El dinero empresarial funciona de otra manera. Una compañía paga cuando una herramienta ahorra horas, produce más código, reduce trabajo manual o permite hacer algo que antes requería más personas. Anthropic parece haber entendido especialmente bien ese mercado.
También existe otra pieza que merece atención: su obsesión histórica con la seguridad no parece haber impedido el crecimiento comercial. Incluso podría estar ayudándolo.
En consumo, hablar de seguridad puede sonar a restricciones. En una gran empresa ocurre lo contrario. Si vas a conectar un modelo con código, documentación interna, procesos y datos corporativos, que el proveedor dedique recursos serios a seguridad, control e interpretabilidad deja de ser un discurso filosófico y empieza a formar parte de la decisión de compra.
No significa que Anthropic sea “la IA segura” y los demás sean irresponsables. Esa simplificación no aguanta mucho análisis. Significa que la compañía ha conseguido convertir una característica que podía parecer una limitación en parte de su posicionamiento empresarial. Y eso vende (y no poco).
Los 65.000 millones impresionan, pero los 2 billones son otra historia
Aquí es donde conviene separar negocio de euforia. Anthropic está preparando su llegada al mercado bursátil y algunos de sus inversores manejan una posible valoración de 2 billones de dólares. El Financial Times ha informado además de expectativas que sitúan su tasa de ingresos anualizada entre 100.000 y 120.000 millones al terminar 2026.
Las matemáticas explican el entusiasmo. Si una empresa mantiene durante suficiente tiempo un crecimiento de este calibre, pagar múltiplos extraordinarios puede parecer defendible. El problema está precisamente en “durante suficiente tiempo”.
Crecer desde una base pequeña es una cosa. Seguir creciendo cuando ya estás produciendo decenas de miles de millones en ritmo anualizado es otra bastante distinta.
De hecho, ya hay una señal interesante. Reuters señala que el crecimiento mensual fue del 58% en abril y del 57% en mayo, mientras que el avance acumulado hasta finales de julio implica una desaceleración clara. Sigue siendo un crecimiento brutal. Simplemente deja de parecer infinito.
Y Anthropic tiene otro problema que ningún gráfico de ingresos debería esconder: desarrollar y servir modelos de frontera cuesta muchísimo dinero. Su margen bruto se estima alrededor del 44%, condicionado por el coste del cómputo. Para una empresa de software tradicional sería una cifra poco atractiva. Para una compañía que está construyendo una nueva capa de infraestructura tecnológica, la lectura puede ser distinta, pero el coste sigue existiendo.
Por eso una valoración de 2 billones no depende únicamente de que Claude siga siendo bueno. Implica asumir que Anthropic conservará una posición privilegiada mientras OpenAI, Google, Meta, xAI y los laboratorios chinos siguen reduciendo diferencias y presionando precios.
Los modelos mejoran mientras el coste por unidad de inteligencia tiende a caer. Fantástico para los usuarios. Bastante menos cómodo para quien necesita justificar márgenes enormes durante años.
Es parecido a buscar el mejor pinganillo para exámenes pensando que encontrar el dispositivo técnicamente superior resuelve todo el problema. No funciona así. En IA tampoco basta con tener el modelo que hoy encabeza una clasificación. Hay distribución, costes, integración, retención, regulación y una competencia que puede copiar ventajas con una rapidez brutal.
Los 65.000 millones demuestran demanda. Los 2 billones exigen demostrar algo bastante más difícil: que esa demanda puede convertirse en un negocio extraordinariamente rentable y defendible.
Lo que yo veo detrás del crecimiento de Anthropic
A mí el dato de los 65.000 millones me interesa menos por la cifra que por lo que dice sobre el mercado.
Durante bastante tiempo hemos tratado la carrera de la inteligencia artificial como una competición de modelos. Claude contra GPT, Gemini contra Claude, el benchmark de esta semana contra el benchmark del mes siguiente. Pienso que estamos empezando a salir de esa fase.
La competición seria está pasando a otro sitio: quién consigue apropiarse del trabajo.
Si Claude se convierte en una herramienta habitual para programadores y empresas, Anthropic no necesita convencer a todo Internet de que tiene “la mejor IA”. Necesita conseguir que suficiente trabajo de alto valor pase por sus modelos. Esa diferencia parece pequeña, pero comercialmente es enorme.
También me parece interesante que Anthropic haya crecido sin abandonar su discurso sobre seguridad. Durante años existía cierta idea de que poner límites frenaría a una empresa frente a competidores más agresivos. Los números, al menos por ahora, no respaldan demasiado esa teoría. En determinados mercados empresariales, la confianza puede ser parte del producto.
Ahora bien, de ahí a comprar el relato completo de los 2 billones hay bastante distancia.
Cuando una compañía pasa de unos 9.000 millones de dólares de ingresos anualizados al terminar 2025 a más de 65.000 millones siete meses después, es lógico que el mercado pierda un poco la cabeza. Lo peligroso empieza cuando extrapolamos esa curva como si las empresas pudieran crecer exponencialmente para siempre.
Anthropic tendrá que demostrar que puede mantener clientes cuando los modelos competidores mejoren, reducir el peso del cómputo sobre sus ingresos, proteger sus márgenes y transformar crecimiento en beneficios sostenibles. Y tendrá que hacerlo mientras pelea contra algunas de las compañías con más dinero e infraestructura del planeta.
Por eso no creo que la historia interesante sea que Anthropic “ha ganado a OpenAI”. Ese titular envejece en cuanto cambia el siguiente benchmark o aparece otro modelo.
Lo interesante es que ya tenemos una empresa de IA de frontera creciendo a una escala que empieza a parecerse menos a una startup y más a una futura tecnológica gigantesca. Los 65.000 millones dicen que el negocio existe. Ahora falta saber cuánto vale realmente.
